Maldito odio Septiembre 11, 2008
Posted by Jaime in poemas.add a comment
Creía haberte dejado atrás,
sí, como lo oyes, en el pasado,
cuando la sangre y la locura
dormían a mi lado.
Con hablar de otras cosas
supuse que te marcharías,
que me dejarías en paz,
a mi y a esta casa mía.
Pero aquí estas a mi lado,
con la pistola en mi sien,
con la herida más abierta,
está podrida la babosada.
No te has ido,
no te he despedido,
no te hemos enterrado.
Por qué nos sigues,
maldito odio.
Calle de mi barrio Agosto 8, 2008
Posted by Jaime in poemas.2 comments
Antes de ser calle eras un milpal,
pero pronto la ciudad te alcanzó,
arrancó las matas que quedaban
y recubrió tu tierra con adoquines.
Era la moda de ese entonces,
es barato y práctico decían,
y años depués el asfalto te cubriría,
dejando la tierra y el adoquin debajo.
Callecita que tantas veces he pisado,
donde los bolos todavía zigzagean
sin el rumbo que perdieron con el guaro,
donde aquella muchacha fue besada
en lo oscurito, detrás del palo de nance,
y donde por primera vez la tocaron.
Es donde del panel wolksvagen
bajaron aquellos tipos armados,
subieron donde hacían los bolis
y vaciaron el plomo que cargaban,
pero no era don Chiri al que mataron,
puta pendejo te equivocaste,
por eso volvieron al par de semanas,
y esa vez si fue don Chiri, ahí lo dejaron.
A la par tuya estaba ese predio baldío,
en el que alguien vio una cancha,
ese alguien que convenció a medio mundo,
que recogió bolsas de cemento y arena,
que mochó esos feos matorrales,
y que junto a la gente hizó la mezcla,
cuadrito a cuadrito tal rompecabeza,
para la cancha donde hoy todos juegan.
Y sobre ti hicieron las fiestas callejeras,
si, con la discomovil de moda,
aquellas luces alucinantes y la bola de espejos,
y esos parlantes que retumbaban tan duro,
y el humo oloroso colado entre las piernas
de aquellos incansables danzantes
que esperaron a que el sol volviera.
La primera vez que te cerraron,
aquella semana santa calurosa,
porque los vecinos estaban de feligreses
y ese año te adornarían con alfombras,
pero poco te duro la colorida cubierta,
por la tarde los marchantes pisaron todo,
de las alfombras solo suspiros quedaron,
pero te sentistes linda y coqueteaste,
aunque de religión nada sabes ni te importa.
Y aquí voy callecita, otra vez sobre ti,
andando sin tiempo, recordando tu historia,
esa que nadie sabe, la que nadie extraña,
una calle más, y sucia para más joder,
pero vos ténes marcados los pasos de todos,
cuando el bigote y las tetas les fueron creciendo
a aquellos cipotes para los que eras su reino,
en que a llorar y a reír aprendieron,
y de donde un día con su maleta partieron.

